EL COMERCIO - «Pobre, sosa y pequeña»

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GIJÓN

 

«Pobre, sosa y pequeña»

 

Los directivos del Colegio de Decoradores y Diseñadores de Interiores de Asturias Ángel Terán y Joaquín Caamaño coinciden en una visión negativa de la iluminación navideña que Gijón ha estrenado este año

 EVA MONTES/GIJÓN

 

A Joaquín Caamaño la polémica ciudadana por la nueva iluminación navideña le pilló en Fuerteventura. Pero el tesorero del Colegio Oficial de Decoradores y Diseñadores de Interiores de Asturias sólo necesitó salir ayer a la calle para zambullirse de lleno en la marea de opiniones ciudadanas que han originado las luminarias callejeras estrenadas este año. «Los comerciantes están tremendamente molestos», resume, mientras le saluda por la calle una amiga que abunda en la pobritud del ambiente navideño que reina en Gijón. 

Caamaño paseaba entonces con su compañero y vicepresidente del colegio profesional Ángel Terán, invitados por EL COMERCIO para recabar su experta opinión sobre los elementos decorativos iluminados. Y ambos, que desarrollan su labor profesional en diferentes ámbitos, coinciden en sus apreciaciones: «La iluminación este año es sosa, poco espectacular y pobre, tanto en color como en dimensiones», afirma Joaquín Caamaño, ante la aquiescencia de Ángel Terán. 

La tesis de partida es común. A ninguno de los dos profesionales les gusta el resultado final por el escaso número de elementos y por la falta de alegría que aportan a las vías urbanas. Mientras cruzan la calle Corrida, Terán señala los árboles del primer tramo de la vía indicando las luces amarillas que apenas se vislumbran entre los árboles. «Es que las luces dentro de los árboles no se ven, tendrían que ser mucho más numerosas o más brillantes para obtener el resultado pretendido», afirma el vicepresidente del colegio profesional, inmediatamente antes de apostillar que «iluminar una farola es inútil, porque no se ve. La luz más potente, en este caso la de la farola, apaga las de los adornos, especialmente éstas que ni son bombillas, son como esas tiras chinas», afirma en relación a los ramilletes que bordean en algunos casos las farolas de las calles más comerciales. «Lo que se pretende con la luz navideña es dar vida al entorno y en este caso no se logró. Da tristeza», apostilla Caamaño.

Y en ese extremo interviene Joaquín Caamaño criticando el trabajo de la empresa seleccionada para abordar la renovación de las luminarias navideñas. «Da la sensación de que no estudió el entorno, que instaló los arcos sin tener en cuenta nada: ni las dimensiones de la calle, ni la iluminación de cada tramo. Se supone que tendría que haber estudiado los espacios para dar proporciones y colorido ambiental. Cuando te enfrentas a un trabajo de decoración, y las luces navideñas son decorativas, lo primero que haces es observar las características del espacio a decorar, tomas medidas y actúas en consecuencia», explica.

Consecuencia negativa

Y ambos coinciden en que la consecuencia no fue positiva. «Hay más calles iluminadas que los años anteriores, pero los tonos son demasiado tenues y los arcos son pequeños y pobres, proporcionalmente al ancho de las calles. Si no hay suficiente presupuesto, se deben de primar las calles más transitadas, tanto en el centro como en los barrios. Si en Pumarín es Gaspar García Laviana y en La Calzada la avenida de Galicia, pues se invierte en ellas, porque es por donde pasea la gente. Si tenemos más dinero, vamos a más calles», afirman casi al unísono los dos decoradores, que ponen el mismo ardor en sus argumentos compartidos, mientras se distancian en intensidad según en qué aspectos.

La particularidad de Terán la aporta su intensa defensa del comercio local, del que no sólo dice comprender su negativa a pagar el canon, sino que no tiene reparo en señalar que «en algunas calles la iluminación navideña roza la tomadura de pelo». Y se introduce en otro aspecto aún más polémico: quién paga las luces que todos disfrutan. «No entiendo por qué han de pagar los comerciantes las luces de Navidad. Son un elemento de atracción como cualquier otro. Si gastamos millones de pesetas en los fuegos artificiales y vienen a verlos de toda Asturias, ¿por que no hacerlo con las luces de Navidad? Hay una ciudad de nuestro entorno, Oviedo, que en el centro tiene una iluminación espectacular y la gente va a verla. Y si paseas, paras, entras y compras. Es un elemento dinamizador como cualquier otro. Y además, si el Ayuntamiento corre con los gastos de las luces callejeras de Carnaval, ¿por qué tiene que pagar el comerciante las de Navidad?».

El punto débil de Caamaño es la ausencia de los motivos navideños. «Los que han puesto son rancios y echo de menos el espíritu de otros años, con música y demás. Estamos en Navidad, es la época que marca lo que estamos viviendo y eso no se puede cambiar», señala, al tiempo que indica que los horarios en fin de semana deberían extenderse «hasta las doce o doce y media, cuando ya sales de cenar». 

Y mientras mencionan que la empresa instaladora «no es experta en iluminación», recuerdan al Ayuntamiento que «hay colectivos en Asturias a quien consultar estas cosas y que pueden echar una mano».

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